Falta imaginación en los jardines de Zaragoza…
… también intencionalidad y ambición. Salvo excepciones, el modelo es un solar de césped y árboles “pinchados”. El objetivo parece ser un fácil y caro mantenimiento mecanizado; pero el precio es un anodino interés estético.
Creo que el modelo es mejorable. La incorporación de andadores con pérgolas permitiría la creación de sombra en corto espacio de tiempo con abundantes posibilidades de juego con colores, perspectivas y templetes vegetales.
La sustitución parcial de las islas del sufrido césped por vegetación “tapizante”, rastrera, permanente y/o de bajo porte permitiría un innumerable abanico de posibilidades de juego con colores y texturas. Además de un menor consumo de agua conseguiríamos refugio y alimento para fauna invertebrada. Esto generaría una mayor diversidad de aves en los parques. Sus cantos e identificación también son un atractivo de las zonas verdes. En los parques de Londres podemos observar decenas de especies de aves en libertad. El césped cortado es una superficie prácticamente sin vida animal. Como alternativa me estoy refiriendo a esparragueras, cintas, lirios, gayubas, pimpinelas, hiedras, sabinas rastreras, cotoneaster horizontal. El césped, como superficie masiva sin uso concreto, está desaconsejado para zonas mediterráneas por famosos diseñadores de jardines, internacionalmente reconocidos, como John Jooks. Copiar sin más soluciones atlánticas, supone importantes superficies de césped abandonadas a su suerte por el costoso mantenimiento que supone “regar para cortar” una y otra vez; y si no se riega se seca. El riego con mangueras exudantes subterráneas puede ser una solución eficaz antivándalos para la vegetación “tapizante”. Sería deseable que estas grandes superficies de césped si se sustituyen por “tapizantes”, se dividiesen con económicos andadores de grava y geotextil.
Las zonas de juegos infantiles usualmente están a pleno sol y las hacen impracticable en numerosas horas durante la época estival. Quizá aquí se podría destinar una mayor parte del presupuesto e implantar árboles protegidos de los niños y de mayor tamaño inicial, para tener sombra rápidamente.
Las fuentes de gran tamaño de Zaragoza parecen “inertes quirófanos”. En algunas de ellas se podrían sumergir jardineras con grava e implantar plantas acuáticas. Esta solución es compatible con limpiar el suelo de los estanques periódicamente y mantenerlos limpios.
Muchos de los árboles situados en calles no muy anchas precisan poda periódica. En ocasiones esta poda parece no tener un objetivo concreto como en la avenida de Madrid. En Lérida los árboles de las calles, que se podan, tiene la vegetación distribuida en estratos, con formas airosas tanto en invierno como en verano.
Las zonas ajardinadas no solo tienen que ser espacios abiertos entre manzanas de casas limitadas por calles. En Nueva York tenemos ejemplos de solares entre casas transformados ingeniosamente en lugares de sombra y descanso jugando con bancos, fuentes y mamparas para enredaderas en los muros de las casas contiguas. Imaginación al poder.
La sustitución del riego mediante difusor en las medianas de las calles y superficies de césped estrechas por riego subterráneo, evitaría el desperdicio de agua en las calles con el mal ejemplo municipal que esto supone.
El compostaje de las hojas y césped cortado podría ser una fuente de materia orgánica. Actualmente se lleva al vertedero municipal y no se reciclan los nutrientes.
Algunas zonas libres de la ciudad, que deberían ser espacios de vegetación se están transformando en sofocantes planchas de baldosas para mercadeo de las terrazas de bares. En ocasiones se reduce el paso de peatones de forma abusiva y descontrolada. Estas superficies de obra reducen el refresco nocturno del verano por la fuerte inercia térmica que tienen. Almacenan calor por el día y lo irradian por la noche. Lo contrario de lo deseable.
El parque grande de Zaragoza, el que debería se le “buque insignia” de la ciudad, languidece progresivamente. Lo conozco palmo a palmo desde hace 25 años y salvo alguna actuación concreta como la cascada del Batallador, el resto está a la deriva o sufriendo un trato estandarizador y anodino, sin personalidad: sin riego automatizado la mayor parte de los árboles; sin abonado ni reposición de los árboles secos; setos y parterres dejados de la mano de dios o eliminados para que no se note tanto que no se los mantiene. El río Huerva no está integrado en el parque. El Hospital Clínico lo utiliza como “trastienda”. Esta zona del parque actualmente con muy poco uso podría rehabilitares mediante la construcción de dos o tres azudes, de cuatro o cinco metros, en el río Huerva, generando los correspondientes remansos. Cada uno de estos remansos podría tener uso específico como pesca deportiva (esto es frecuente en los parques de Tokio), hábitat de vida silvestre o escenario de embarcaciones de juguete a control remoto. Un bombeo de agua recircularía en agua haciendo el sistema prácticamente independiente del caudal del río. El Paseo del Canal debería integrarse en el parque como andador y carril bici. En fin, hay demasiada inercia, demasiadas oportunidades desatendidas. Un ejemplo de lo que no debe de ser el parque con mayor solera de una ciudad.
Aceras muy anchas sin alcorques como la Avenida de Madrid a la altura de la Aljafería están pidiendo sombra. En algunas ocasiones, alcorques más grandes de 1,5 por 1,5 metros, permitirían un completo desarrollo de los árboles.
Es de sentido común integrar los ríos y el Canal en una red de zonas verdes y carriles bici con criterios de conectividad silvestre y ciudadana. Pero con la menor cantidad de hormigón posible, por favor.
Al igual que en un país, según el papel de la mujer en una sociedad, se conoce su nivel de cultura, según el estado de los jardines se puede apreciar su sensibilidad. Hacen falta iniciativas que energeticen la ciudad. La visita de algunos de nuestros gestores políticos a ciudades españolas y europeas, con atractivos, podría aportarles alguna idea.
Estas son algunas líneas de reflexión, crítica constructiva y mejora de las zonas verdes de nuestra ciudad.
De sabios es rectificar.
Fdo.: Eduardo Calleja Jiménez Zaragoza 27 de marzo de 2006.
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